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¡Empleado a la fuerza!

Los empresarios caídos en desgracia también pueden aportar como asalariados. Sólo hay que darles autonomía para innovar.


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07 de diciembre de 2004
Fuente: El Mercurio
Por: Pablo Obregón


Hay gente que no nació para recibir órdenes ni rendirle pleitesía a nadie. Los emprendedores por naturaleza no toleran las organizaciones rígidas, los conductos regulares ni nada de eso. Un verdadero profesional con corazón de empresario prefiere mandarse solo y hacer lo que le plazca. Salvo que quiebre estrepitosamente y la necesidad lo obligue a emplearse.

Es el caso, por ejemplo, de toda una casta de emprendedores frustrados que a mediados de los '90 lanzaron al mercado sus proyectos puntocom y que hoy ponen sus talentos al servicio de otros. Coinciden en que más temprano que tarde lo intentarán de nuevo y pasan todo el día con la máquina de ideas andando.

¿Pueden ser un buen aporte en su condición de asalariados? No hay nada mejor que un empleado emprendedor, siempre y cuando la empresa esté dispuesta a darle autonomía y espacio para innovar y equivocarse.

Seducido también por la explosión irracional de la nueva economía y la hipertrofia de las firmas puntocom, Juan Miguel Arraztoa lanzó su propia joyita tecnológica hace un par de años. Dice que fue un proyecto con buenas perspectivas, pero que tuvo la desgracia de debutar en el mercado con una semana de retraso.

Siete días antes, una firma similar ganó exitosamente el quién vive y condenó a muerte el primer emprendimiento de Arraztoa y su partner. La pelea duró apenas un año y, luego, ambos compañeros volvieron a vestirse con ropajes de asalariado.

"El tiempo era valioso. Nosotros renunciamos a nuestros trabajos y a la semana siguiente nació una empresa igual a la nuestra. Partimos el día siete, cuesta arriba... al poco tiempo vimos que esto ya no iba", recuerda.

Los días vertiginosos como empresarios quedaron como un buen recuerdo. Como un recuerdo que no se parece mucho al ritmo cansino que impone la condición de asalariado, donde la clave no está en decidir y hacer sin tomarle opinión a nadie, sino en discutir, reflexionar, tramitar y esperar que las cosas pasen por un largo conducto regular.

Por estos días, Arraztoa es gerente de operaciones de Manantial, una empresa que se dedica a la distribución de agua y que, por su cultura poco tradicional, asimila bien y saca partido a la hiperactividad de algunos ejecutivos. Pero pese a que Arraztoa está cómodo en su cargo, no consigue resignarse...

"El que no haya resultado a la primera, no quita la aspiración de volver a intentarlo. El costo oportunidad de dejar un trabajo y emprender algo propio es súper alto, pero siempre está esa ilusión. Yo sé que mi camino va por ahí. ¿Qué es lo que me mueve? Que no se entienda mal, pero yo siento que lo que puedo aportar a una empresa es más de lo que la empresa espera o necesita de mí. Y en vez de entregarle ese trabajo a otro, sería mejor hacerlo para mí".

Reconózcase o no, para un emprendedor de raza resulta duro pasar de empresario a empleado, sobre todo si ese paso está precedido de una estrepitosa quiebra. Sin embargo, los expertos están convencidos de las ventajas que un empleado emprendedor puede ofrecer a las empresas. Sobre todo a las más flexibles.

Tal como advierte la gerente general de Upgrade & More, Ximena Julio, una parte importante de los jóvenes que emprendieron a mediados de los '90 supo reconvertir su capacidad de soñar y su ambición para ponerse al servicio de un empleador, lo que no significa que hayan perdido el ímpetu y el espíritu que los hacía distintos. Lo que hacen, en la mayoría de los casos, es utilizar este tiempo de asalariados como una etapa de aprendizaje antes de volver a intentarlo.

En la misma línea argumental, la consultora senior de DBM, María Olga Salazar, está convencida de que los emprendedores que se ven forzados a emplearse lo hacen, en la mayoría de los casos, sólo "como el descanso del guerrero", pues siguen con la mente puesta en una nueva aventura.

"El aterrizaje es duro. Como empresarios, ganan lo que se proponen y, como empleados, ganan el sueldo no más; vuelven a puestos de tercera línea, sin poder ni autonomía".

¿Cómo se relaciona con la autoridad un profesional acostumbrado a ser su propio jefe? A veces, mal. Tal como advierte el psicólogo laboral de la Universidad Adolfo Ibáñez, Ignacio Fernández, las características de los emprendedores suelen resultar disfuncionales con la cultura de las grandes corporaciones, pues ahí generalmente "se administra desde la desconfianza y desde lo cotidiano. El emprendedor se puede adaptar a eso, pues tiene que sobrevivir, pero siempre está con la máquina de ideas funcionando".

¿Entonces hay que cerrar las puertas a esta gente que no reconoce la autoridad? Sí y no. Tal como advierte Ximena Julio, hay un perfil de emprendedor que se adapta a la estructura de las empresas flexibles, que es el denominado "emprendedor corporativo".

¿Cómo se pesquisa y se descubre a uno de ellos? Un elemento clave es que el filtro de entrada apunte a las motivaciones por las cuales esa persona quiere integrarse a la organización. Una vez adentro, la clave tiene que ver con el tipo de responsabilidades que va a enfrentar.

El emprendedor corporativo se caracteriza por tener una alta tolerancia a la ambigüedad. Esta característica es aún más alta en el independiente.

El primero no presenta un patrón de comportamiento homogéneo acerca de la necesidad de logros. En cambio, el independiente muestra una necesidad de logro imperiosa, pues de ello depende su sustento.

A ambos les cuesta aceptar el sistema en el cual su organización está inserta. Suelen ser personas poco sistemáticas y desestructuradas.

Poseen una particular facilidad para tomar decisiones rápidas y desarrollar ideas propias e innovadoras.

 

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